domingo, 8 de diciembre de 2013

Educación liberadora de Paulo Freire.



En la educación liberadora, ya nadie educa a nadie, así como tampoco nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan en comunión, mediatizados por el mundo. El educador ya no es solo el que educa, sino que, en tanto educa es educado a través del dialogo con el educando, quien al ser educado, también educa. Así, ambos se transforman en sujetos del proceso en el que crecen juntos y en el cual los argumentos de la autoridad ya no rigen.


Así una educación liberadora debe ser una educación dialógica. No hay dialogo si no existe fe en los hombres, en su capacidad de crear, de ser mas. El hombre dialógico sabe que el poder de hacer, de crear, de transformar es un poder de los hombres y sabe también que ellos tienen, enajenados en una situación concreta ese poder disminuido. El hombre dialógico sabe que este poder puede constituirse, no gratuitamente, sino mediante la lucha por su liberación. Con la instauración del trabajo libre y no esclavo, trabajo que otorgue la alegría de vivir. Sin esta fe en los hombres es dialogo se transforma en manipulación paternalista. Hablar de democracia y callar al pueblo es una farsa. Hablar de humanismo y negar a los hombres una mentira. La deshumanización, que resulta del orden injusto, no puede ser razón para la perdida de la esperanza, sino, por el contrario, debe ser motivo de una mayor esperanza, la que conduce a la búsqueda incesante de la instauración de la humanidad negada en la injusticia. Para el pensar ingenuo lo importante es la acomodación al presente normalizado, para el pensar crítico, la permanente transformación de la realidad, con vistas a una permanente humanización de los hombres.

Ejemplo: En una investigación realizada en Santiago al discutir un grupo de individuos una escena en que aparecía un hombre embriagado, que caminaba por la calle, y en la esquina tres hombres conversaban, los participantes del circulo de investigación afirmaban:”ahí el borracho apenas es productivo y útil a la nación, el borracho que viene de vuelta a casa, después del trabajo, donde gana poco, preocupado por la familia, cuyas necesidades no puede atender”"Es el único trabajador”"El es un trabajador decente como nosotros, que también somos borrachos “El interés del investigador, el psiquiatra Patricio López, era estudiar aspectos del alcoholismo. Sin embargo, probablemente no hubiera conseguido estas respuestas si se hubiese dirigido a estos individuos con un cuestionario elaborado por el mismo. Tal vez al preguntárselo directamente, negaran, incluso, que bebían de vez en cuando. Frente a la codificación de la situación existencial, reconocible por ellos y en la cual se reconocían, en relación dialógica entre sí y con el investigador, dijeron lo que realmente sentían. Hay dos aspectos importantes en las declaraciones de estos hombres. Por un lado la relación expresa entre ganar, sentirse explotados con un salario que nunca alcanza y su borrachera. Se embriagan como una especie de evasión de la realidad, como una tentativa por superar su frustración de su no actuar. Una solución en el fondo autodestructiva, necrófila. Por otro lado la necesidad de valorar al que bebe. Era el “único útil a la nación, porque trabajaba, en tanto los otros lo que hacían era hablar mal de la vida ajena.”Además, la valoración del que bebe, su identificación con él, como trabajadores que también beben. Trabajadores decentes.
 
Imaginemos ahora el fracaso de un educador moralista, que fuera a predicar a estos hombres contra el alcoholismo, presentándoles como ejemplo de virtud lo que, para ellos, no es manifestación alguna de virtud.
El único camino a seguir, en este caso como en otros, es la concienciación de la situación, prepara a los hombres, para la acción, para la lucha contra los obstáculos a su humanización.


 
Paulo Freire.

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