En
la educación liberadora, ya nadie educa a nadie, así como tampoco nadie se
educa a sí mismo, los hombres se educan en comunión, mediatizados por el mundo.
El educador ya no es solo el que educa, sino que, en tanto educa es educado a
través del dialogo con el educando, quien al ser educado, también educa. Así,
ambos se transforman en sujetos del proceso en el que crecen juntos y en el
cual los argumentos de la autoridad ya no rigen.
Así una
educación liberadora debe ser una educación dialógica. No hay dialogo si no
existe fe en los hombres, en su capacidad de crear, de ser mas. El hombre dialógico
sabe que el poder de hacer, de crear, de transformar es un poder de los hombres
y sabe también que ellos tienen, enajenados en una situación concreta ese poder
disminuido. El hombre dialógico sabe que este poder puede constituirse, no
gratuitamente, sino mediante la lucha por su liberación. Con la instauración
del trabajo libre y no esclavo, trabajo que otorgue la alegría de vivir. Sin
esta fe en los hombres es dialogo se transforma en manipulación paternalista.
Hablar de democracia y callar al pueblo es una farsa. Hablar de humanismo y negar
a los hombres una mentira. La deshumanización, que resulta del orden injusto,
no puede ser razón para la perdida de la esperanza, sino, por el contrario,
debe ser motivo de una mayor esperanza, la que conduce a la búsqueda incesante
de la instauración de la humanidad negada en la injusticia. Para el pensar
ingenuo lo importante es la acomodación al presente normalizado, para el pensar
crítico, la permanente transformación de la realidad, con vistas a una
permanente humanización de los hombres.
Ejemplo: En una
investigación realizada en Santiago al discutir un grupo de individuos una
escena en que aparecía un hombre embriagado, que caminaba por la calle, y en la
esquina tres hombres conversaban, los participantes del circulo de
investigación afirmaban:”ahí el borracho apenas es productivo y útil a la
nación, el borracho que viene de vuelta a casa, después del trabajo, donde gana
poco, preocupado por la familia, cuyas necesidades no puede atender”"Es el
único trabajador”"El es un trabajador decente como nosotros, que también
somos borrachos “El interés del investigador, el psiquiatra Patricio López, era
estudiar aspectos del alcoholismo. Sin embargo, probablemente no hubiera
conseguido estas respuestas si se hubiese dirigido a estos individuos con un
cuestionario elaborado por el mismo. Tal vez al preguntárselo directamente,
negaran, incluso, que bebían de vez en cuando. Frente a la codificación de la
situación existencial, reconocible por ellos y en la cual se reconocían, en
relación dialógica entre sí y con el investigador, dijeron lo que realmente
sentían. Hay dos aspectos importantes en las declaraciones de estos hombres.
Por un lado la relación expresa entre ganar, sentirse explotados con un salario
que nunca alcanza y su borrachera. Se embriagan como una especie de evasión de
la realidad, como una tentativa por superar su frustración de su no actuar. Una
solución en el fondo autodestructiva, necrófila. Por otro lado la necesidad de
valorar al que bebe. Era el “único útil a la nación, porque trabajaba, en tanto
los otros lo que hacían era hablar mal de la vida ajena.”Además, la valoración
del que bebe, su identificación con él, como trabajadores que también beben.
Trabajadores decentes.
Imaginemos ahora el fracaso de un educador moralista, que fuera a predicar a
estos hombres contra el alcoholismo, presentándoles como ejemplo de virtud lo
que, para ellos, no es manifestación alguna de virtud.
El único camino a seguir, en este caso como en otros, es la concienciación de la situación, prepara a los hombres, para la acción, para la lucha contra los obstáculos a su humanización.
El único camino a seguir, en este caso como en otros, es la concienciación de la situación, prepara a los hombres, para la acción, para la lucha contra los obstáculos a su humanización.
Paulo Freire.
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